jueves, 30 de junio de 2011
#32
Fíjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fíjate bien. El material del que estás hecho es blando y flojo, carece de resistencia, y su energía depende de la oxidación ineficiente del material orgánico. Entráis periódicamente cada noche en coma, pero, de que sirven los sueños si casi nunca se cumplen? Pensáis, es cierto, pero os equivocáis frecuentemente y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois alterables. Sois imperfectos.
miércoles, 29 de junio de 2011
#31
De pequeña frente a un calendario pregunté: "En diciembre, el 31, ¿se acabará el mundo?". Todos se rieron, yo no sabía por qué. "Algo más”, oí, “nos queda un poco más".
No me convenció y fui hasta el reloj de la pared. Si no le doy cuerda, entiendo, lograré parar el tiempo. Se lo comenté a mi hermano y, él mirándome, "¿para qué?" me dijo, "¿para qué?".
No me convenció y fui hasta el reloj de la pared. Si no le doy cuerda, entiendo, lograré parar el tiempo. Se lo comenté a mi hermano y, él mirándome, "¿para qué?" me dijo, "¿para qué?".
martes, 28 de junio de 2011
#30 Supón que aún es agosto y que no estás tan lejos.
Supón que aún es agosto y que no estás tan lejos de esta ciudad que todavía guarda los últimos vestigios de aquella altiva llama del verano, que lentamente fue, como todo, muriéndose; imagina que aun estas aquí, conmigo, en la paz de esta casa que la luz hace hermosa, y busca en tu memoria el esplendor dorado
de los días perfectos que en ella hemos vivido, ajenos a todo aquello que no fuera nuestra propia alegría de estar juntos.
Recuerda.
Mira. Mira esas gloriosas mañanas: hace un rato que tú te despertaste, y esperas en silencio a que yo abra los ojos para darme los buenos días y decirme -hoy también- que eres feliz. Y me señalas luego ese rayo de sol que entra por la ventana y aquí, junto a la cama, en el suelo, dibuja un dulce charco de oro.
No dejes que se borren
de tu alma las risas de ese tiempo, las palabras ardientes que sonaban como un cristal finísimo y llenaban de música las horas del amor: el espacio inocente de la pasión cumplida en las radiantes noches que nuestros cuerpos conquistaron.
Contempla estas imágenes,
y olvídate de ese lugar que ahora a tu pesar y a mi pesar habitas: calles llenas de otoño, gentes que desconocen nuestra historia, tierras que no son tuyas, y ese río que en nada se parece a éste nuestro de aquí, que bajo el sol discurre a través de los huertos.
Ojalá lleves siempre
contigo, a cada instante, mi recuerdo, y estas palabras que en la noche escribo pensando en ti, para que tú las leas, te ayuden a estar solo,
y te acompañen.
S.
de los días perfectos que en ella hemos vivido, ajenos a todo aquello que no fuera nuestra propia alegría de estar juntos.
Recuerda.
Mira. Mira esas gloriosas mañanas: hace un rato que tú te despertaste, y esperas en silencio a que yo abra los ojos para darme los buenos días y decirme -hoy también- que eres feliz. Y me señalas luego ese rayo de sol que entra por la ventana y aquí, junto a la cama, en el suelo, dibuja un dulce charco de oro.
No dejes que se borren
de tu alma las risas de ese tiempo, las palabras ardientes que sonaban como un cristal finísimo y llenaban de música las horas del amor: el espacio inocente de la pasión cumplida en las radiantes noches que nuestros cuerpos conquistaron.
Contempla estas imágenes,
y olvídate de ese lugar que ahora a tu pesar y a mi pesar habitas: calles llenas de otoño, gentes que desconocen nuestra historia, tierras que no son tuyas, y ese río que en nada se parece a éste nuestro de aquí, que bajo el sol discurre a través de los huertos.
Ojalá lleves siempre
contigo, a cada instante, mi recuerdo, y estas palabras que en la noche escribo pensando en ti, para que tú las leas, te ayuden a estar solo,
y te acompañen.
S.
#29
Dejadme aquí, sumida en la penumbra de esta habitación en la que tantas horas de mi vida transcurrieron.
Es tarde ya. La noche se aproxima, y hoy -no sé por qué- más que otras veces necesito quedarme sola y recordar muy lentamente algunas cosas del pasado, ciertas historias ya casi perdidas, mientras el sol se aleja y la ciudad va hundiéndose.
Es tarde ya. La noche se aproxima, y hoy -no sé por qué- más que otras veces necesito quedarme sola y recordar muy lentamente algunas cosas del pasado, ciertas historias ya casi perdidas, mientras el sol se aleja y la ciudad va hundiéndose.
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